el ultimo dictador de europa
El último dictador de Europa
Lukashenko se aferra al poder como un gato en un ovillo de lino, enzarzando, rasgando hasta la última mísera fisura del delgado hilo que lo mantiene en el poder. Se ampara de una forma despótica en la fuerza de la represión y del miedo que éste produce.Enarbola su victoria en las elecciones celebradas la semana pasada, carentes de cualquier mínimo control por parte de organismos internacionales como la UE o la OSCE, ya que en la Europa del siglo XXI nadie quiere ser el nuevo Pilatos, limpiándose las manos en el refrendo de un dictador, algo que la historia europea ha superado, después de las lecciones que hemos vivido.
El dictador bielorruso debe tener presente, como dice Lacordaire, que «la libertad no es posible más que en aquellos países en que el Derecho predomina sobre las pasiones»; así las cosas, su anhelo de poder, su bajo instinto primario, no está más que azuzando una revuelta interna, hastiada de ver cómo sus vecinos progresan y conviven en paz y libertad, mientras que ellos se marchitan bajo el yugo de este tirano, movido por el puro afán de poder, el más bajo instinto pasional del ser humano, y del que por desgracia tan difícil es librarnos.
Cerrar los ojos no debe ser una opción. La crítica puede y deber ser constructiva, facilitando el camino a un nuevo proceso democratizador que rompa las cadenas y tejemanejes establecidos por el régimen de Minsk. Ello no va en contra de Rusia, ni forma parte de una «cruzada occidental», como temen algunos elementos del Kremlin, sino simplemente forma parte de unos visos en pro de la ciudadanía, que no tiene más fin que engrandecer las condiciones de vida del pueblo bielorruso, el cual, siendo sinceros para con nosotros mismos, no ha preocupado en exceso al resto de naciones europeas, las cuales se han limitado hasta ahora a mantenerlo en el status de estado paria, cuando en realidad de esta forma sólo han fortalecido la tela de araña del último dictador de Europa, gracias a Dios.
Jorge
